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¿Cómo atravesamos el retorno a diferentes ambientes que hasta ahora teníamos prohibidos: social,laboral, educación,etc?

Pandemia, que viene del griego Pan (todos) y Demos (pueblo) significa: “Todo el Pueblo”. Se trata de una enfermedad infecciosa que se propaga de manera generalizada causando millones de pérdidas humanas. Para afrontar este evento traumático e inesperado en nuestras vidas tuvimos que realizar un proceso de adaptación psicológica implementando mecanismos de defensa que nos permitieran aceptar la situación y convivir con ella.

Una vez que se han atravesado los meses más duros de aislamiento social obligatorio y se han podido retomar de manera paulatina las actividades que realizabamos previamente a la pandemia nos damos cuenta de que comenzamos a experimentar una serie de cambios psicológicos a los cuales debemos adaptarnos, otra vez. 

La “vuelta” para muchos puede ser revitalizante y alentadora y para otros una situación de estrés difícil de manejar.

La situación de “comodidad” al trabajar en el hogar, las facilidades de lo virtual y otras condiciones a las cuales nos acostumbramos en estos meses ahora debemos revertirlas.  Está demostrado que no es tan fácil de elaborar,  por eso aparecen síntomas físicos y psicológicos que nos prenden una alarma la cual debemos atender.

El proceso que hemos llevado a cabo para defendernos de este evento estresante inédito y único en nuestras vidas ahora debe ir deshaciéndose de a poco para dejar de estar alertas poniendo en marcha mecanismos defensivos ya que el peligro ha mermado.

Cuando nuestro psiquismo detecta que hay un peligro externo se pone en alerta: es el mecanismo del estrés, este nos avisa que hay algo que puede atentar contra nuestra seguridad, entonces pone en marcha una serie de cambios fisiológicos y psicológicos como el aumento de la adrenalina y el cortisol para que estemos preparados. Cuando el estrés se sostiene en el tiempo lo llamamos crónico, pero el estrés crónico produce cambios que no son saludables, por eso hoy hablamos de la necesidad de revertir esos mecanismos defensivos iniciales.

Poder percibir la situación actual como no peligrosa es el primer paso, al haber logrado una inmunidad mediante las vacunas y un manejo de la pandemia en los distintos países sumado a  adoptar medidas de higiene y cuidado, deberán ser factores que nos pueden dar tranquilidad para poder volver a los lugares a los que estábamos acostumbrados a frecuentar.

Si este proceso te está costando no dudes en consultar a un profesional.

Para poder focalizarnos en lo positivo deberemos hacer el proceso inverso: recordar todo lo alegre y divertido que era reunirnos con nuestros amigos, poder tomar una cerveza después del trabajo, un cafecito con nuestros compañeros, volver a mirarnos a los ojos, a escucharnos, a compartir espacios. Nada puede suplantar el contacto personal con los otros, eso tiene una riqueza en sí misma. No nos olvidemos que el ser humano es un ser absolutamente social y que eso es lo que nos diferencia de los animales: nuestra capacidad de crear lazos y vínculos afectivos, hablar y escuchar mirándonos a los ojos y abrazarnos demostrando afecto.

Para ayudarnos en esta vuelta podemos pensar en varios tips:

  1. No anticiparnos a situaciones que no sabemos cómo aún se resolverán, muchas veces nuestros miedos son infundados y la ansiedad juega una mala pasada imaginando escenarios catastróficos donde no los hay.

  2. Redactar una lista de pensamientos negativos y una lista de pensamientos positivos en columnas. A veces visualizarlo nos ayuda un montón para poder relativizar lo que pensamos.

  3. Pensar en nuestros compañeros y compañeras, en esas charlas, en esos vínculos, en todos los momentos que vamos a poder compartir con ellos.

  4. Poder volver a dividir y separar trabajo de vida personal: cuando voy al trabajo o a estudiar de manera presencial y luego vuelvo a mi casa es más fácil separar mis actividades y puedo luego relajarme, no estar todo el tiempo conectada a un dispositivo electrónico.

  5. Poder realizar actividades que sean placenteras y gratificantes es muy importante, tener un tiempito por día, una pausa activa, realizar alguna meditación que nos ayude pasar un día tanto laboral como no laboral.

  6. Poder pensar que hay situaciones que están fuera de nuestro control y eso también está bueno registrarlo: no intentar controlar todo ya que es imposible y lo único que hará es que desgastemos energía psíquica que podemos utilizar para otras actividades.

  7. Hacer ejercicio mínimo una vez a la semana. Recordemos que una hora de ejercicio nos puede reducir el estrés y dar un boost de energía extra.

  8. Dormir 8 horas de corrido y alimentarnos de una manera saludable son muy importantes para poder llevar a cabo las nuevas rutinas.

  9. Poder reinterpretar la situación, darle una vuelta y pensar: ¿qué es lo bueno que puedo ganar de esto?, ¿qué aprendizaje puedo llevarme de esta nueva situación?. Todo tiene un lado bueno y un lado malo,  si te focalizás en el vaso medio lleno va a ser mucho más fácil poder seguir adelante.

  10. Utilizar frases tranquilizadoras como: “Yo puedo con esto”,”Voy a poder, esto tiene un lado positivo, luego seré más fuerte” o cualquier otra que a VOS te de tranquilidad.

  11. Estrategias desaconsejadas: si la situación estresante te supera no la evites, pedí ayuda, apoyate en otros. No uses tóxicos como el alcohol o las drogas para evadirte.  No lo niegues ni evites el problema: eso va a hacer que sea aún más grande y se prolongue en el tiempo hasta que encuentres una solución. 

Lic. Lorena Laserre

MN 30583

Psicologa

@somosgrupodemujeresmas

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