Volver a
3 de Octubre


¡Hola, chicas! ¡Qué lujo volver a encontrarnos!
Este espacio es tan de Nosotras, donde nos leemos, aprendemos y sobre todo… reflexionamos.
Porque esta vez, octubre se tiñe de rosa para recordarnos la importancia de la prevención, el diagnóstico y el saber acompañar a quienes transitan o han transitado un cáncer de mama.
Porque más allá de las estadísticas y los tratamientos médicos, hay un tema silenciado: cómo recuperar la confianza en vos misma, el placer y la autoestima después de haber pasado por una experiencia tan desafiante.
Lo escribo y me lo repregunto con ustedes: ¿cómo se hace?
El cáncer no solo impacta en la salud física. Lo sabemos. También delimita la manera en que nos miramos al espejo, cómo nos vinculamos con nuestro cuerpo mientras cambia, con la intimidad (estés o no en pareja) y con el deseo.
Muchas mujeres sienten que su cuerpo ya no es el mismo: son tantas las intervenciones que padece, que pasa a ser parte de la medicina y de la ciencia. Ven cambios en la piel, caída del cabello, mastectomías o reconstrucciones. Intervenciones necesarias para salvar la vida.
Y todo eso convive con emociones intensas. Gratitud por la ciencia, pero también aprender a aceptar lo que no se puede controlar. Y el duelo, por lo que ya no es.
Habitar un cuerpo que cambió puede ser un acto de resiliencia. Porque volver a vos significa aceptar la historia que tu cuerpo hoy cuenta, honrarlo por la fortaleza que demostró y reconocer que tu valor no se mide por una mama, una cicatriz o un estereotipo de belleza.
La resiliencia está en la posibilidad de disfrutar, de amar, de crear vínculos sanos y de reconectar con tu sexualidad desde un lugar auténtico y propio.
Pero también es verdad que hay que trabajar mucho en la aceptación, en la autocompasión. Autocompasión… una palabra que resuena en este contexto: es la capacidad de tratarnos con la misma ternura, paciencia y comprensión con la que acompañaríamos a alguien que amamos, especialmente en los momentos de dolor o dificultad.
Términos que (por algo) nos hacen ruido, para seguir aprendiendo.
Una pregunta que resuena.
La primera respuesta que surge en mi mente es: “no desaparece, porque la energía está en otro lado”. Pero sí se modifica. La sexualidad cambia, se transforma, y, sobre todo, sigue siendo un derecho y una fuente de goce.
Quizás no será la misma sexualidad, quizás no sea el mismo cuerpo erógeno que antes o durante, pero definitivamente se tratará de una búsqueda de nuevas formas de placer, siempre con diálogo si estás en pareja y siempre con mucha paciencia y como dije antes, con esta autocompasión de identificar estas nuevas formas de intimidad para conectar con el deseo.
La sexualidad es parte de una vida plena.
Si te pasó, tenés una amiga o una persona en tu familia que atravesó una experiencia tan intensa como el cáncer de mama, es natural que la autoestima quede afectada.
Recuperarla es un camino que requiere tiempo y se nutre de amor propio, apoyo emocional y una red de amor. Aceptar ayuda y rodearte de personas queridas o de mujeres que pasaron por lo mismo, puede ayudar a no sentirte sola.
Pero también, en todo este camino de sanación y de volver a vos, habrá momentos de angustia y de profunda tristeza. Es completamente entendible. Reconocer estas emociones como parte natural de un proceso te va a permitir dejar de pulsear contra lo que sentís y, de a poco, aceptarlas como parte natural de un duelo.
Cerrá los ojos, llevá el aire a la panza y exhalá despacio. Agradecé internamente la fuerza de tu cuerpo, que sigue sosteniéndote.
Usar un diario íntimo (sí, como el que teníamos de adolescentes) puede ser un espacio seguro para expresar miedos, enojos y gratitudes, liberando lo que pesa. No censures nada; escribí literalmente todo lo que tengas en tu mente.
Puede ser un abrazo con alguien querido, caricias propias o un momento de intimidad. El contacto libera oxitocina y nos recuerda que merecemos ternura. No todo contacto tiene que ser genital. Siempre de menos a más.
Puede ser una ducha relajante, un té caliente, una crema en la piel. Pequeños gestos que refuerzan la idea de que tu cuerpo sigue ahí. Y que también te necesita.
Cuando la angustia aparezca, escribí o llamá a una amiga. Hablar en voz alta lo que sentís ayuda a procesar y descomprime.
La terapia psicológica con un especialista en el área puede ayudarte a tener estrategias para atravesar una etapa difícil con más recursos.
Para cerrar, me quedo pensando en Nosotras. Volver a vos no significa borrar lo que pasó ni romantizar una experiencia tan dura como el cáncer de mama.
La realidad es que vivir una experiencia así te deja huellas profundas: es mucho más que una mama intervenida, es una cicatriz que a veces duele más en el alma que en la piel.
Nuestra identidad, nuestra feminidad, también puede sentirse rota o incompleta. La mama es parte de nuestra identidad: por eso duele. Es entendible que cueste mirarse al espejo, no reconocerse, o tener la sensación de haber perdido algo más que una mama.
Y, sin embargo, ese cuerpo herido sigue siendo tuyo, sigue siendo valioso, sigue mereciendo ternura, placer y amor. Habitarlo es un desafío a aceptar lo que cambió y lo que ya no está, pero también es darle un nuevo sentido a esta historia.
Quizás volver a vos no se trate de volver a ser la mujer que eras antes, sino de descubrir quién sos ahora, con todo lo que atravesaste.
Sos alguien más consciente, más sensible, más resiliente. Capaz de elegir, de sentir y de reconstruir una manera propia y auténtica de estar plena hoy.
Hoy, que es un regalo, por eso se llama nada menos que presente.
Chicas, me despido de esta nota con un abrazo de oso a cada una de Nosotras. Y como siempre, nos vemos en los comentarios.
Maru.
Lic. Mariana Kersz
Psicóloga y sexóloga
IG @lic.marianakersz
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